Es una pena que por la ignorancia de algunos sea generalizada la reforma adicionada al artículo 312bis, cuando lo único que hace esta reforma es hacer hincapié y evocar a los ciudadanos la responsabilidad que se asume en el uso de la libertad de expresión.
Y como un ejemplo de lo mal enfocado que se tiene este derecho, puede ser el calamitoso empleo que se le da a la credencial de elector, documento de identidad que nos refiere como ciudadanos y que suele mal interpretarse como “la fichita” que te hace mayor de edad, que te deja entrar al antro, ha y que te hace votar, y que sin embargo de olvidan de ese pequeño detalle de ser ciudadanos, que es ser responsables de nuestros propios actos.
De igual manera es lamentable el hecho de que los medios de comunicación suelan padecer el complejo de “blanca nieves y los 7 enanos”. Si bien, podrá creer que se le priva de su libertad, aquel que por costumbre tiene, suponer y difundir, anunciar o producir algún chisme, rumor o cuento, el que sin lugar a dudas no tendrá ningún fundamento y que por consecuencia emitirá mera palabrería al aire.
La libertad de expresión no ofende, no hiere, no ultraja, sino aquel que lo concibe simplemente hace mal uso de su propia boca y de sus propios derechos. Aquel que se atreve, es porque no solo ignora sus propios derechos sino penosamente la desemejanza entre la libertad y el libertinaje.